Recientemente, una de las empresas más grandes de tecnología a nivel mundial, informó que sus emisiones de carbono ha aumentado un 48% en los últimos cinco años, un incremento impulsado en gran medida por el desarrollo y expansión de la Inteligencia Artificial. Este fenómeno pone de relieve un reto crucial: el alto consumo energético asociado con esta tecnología emergente.
Cada consulta a estos sistemas activa servidores en centros de datos que no solo consumen enormes cantidades de electricidad, sino que también requieren sistemas de refrigeración que igualmente necesitan energía. A pesar de esto, la industria tecnológica aporta de forma positiva al medio ambiente. Según la iniciativa Net Zero de la Universidad de Oxford, la tecnología tiene el potencial de contribuir hasta en un 15% a la reducción global de emisiones para 2030.
El impacto ambiental de la IA está directamente relacionado con:
El entrenamiento de modelos de gran escala.
El uso intensivo de infraestructura en la nube.
El consumo energético de GPUs y servidores especializados.
Los sistemas de refrigeración en centros de datos.
Los modelos de lenguaje avanzados, por ejemplo, requieren enormes volúmenes de datos y procesamiento, lo que incrementa significativamente la demanda energética.
Por eso, la sostenibilidad en inteligencia artificial debe convertirse en una prioridad estratégica para las organizaciones.
Para reducir el impacto ambiental de la IA, las empresas deben integrar métricas ambientales dentro de su gobernanza tecnológica.
Esto implica:
Medir emisiones de carbono asociadas a cargas de trabajo.
Evaluar consumo energético por modelo entrenado.
Establecer objetivos de reducción.
Integrar indicadores ESG en la estrategia de tecnología.
Sin medición, no hay mejora sostenible.
Por último, el directivo de TIVIT enfatizó la importancia de que las compañías midan el impacto ambiental de sus operaciones mediante el monitoreo de emisiones y la elaboración de reportes de sostenibilidad que permitan la transparencia en la información y la búsqueda constante de mejores soluciones y prácticas sostenibles. Asimismo, Pablo Prieto de TIVIT señaló cinco estrategias que las empresas pueden implementar para aprovechar los beneficios de la IA, mitigando a su vez el impacto ambiental de su implementación.
Sí. A través de infraestructura eficiente, energías renovables, optimización de algoritmos y políticas de uso responsable.
Mediante el monitoreo de consumo energético, cálculo de emisiones de carbono asociadas a cargas de trabajo y reportes ESG.
Sí. Puede optimizar procesos, logística y consumo energético, contribuyendo a reducir emisiones en múltiples sectores.